El pasado 8 de mayo tuve la oportunidad de impartir, junto con Ángel Águeda, el taller “Niños ágiles” en el colegio Padre Piquer. Una salvedad antes de entrar en materia. El título lleva a engaño por dos razones principales. La primera, no se trata de un taller en el que se enseñe a los niños como ser “ágiles” mediante la práctica del ejercicio físico, por ejemplo, sino de llevar a la familia los principios del agilismo aplicados fundamentalmente en las empresas de desarrollo de software. La segunda, que en realidad no va dirigido sólo a los niños sino a toda la familia al completo.
Volviendo al taller, para mí fue una experiencia increíble, muy gratificante, un auténtico privilegio. Tuvimos la oportunidad de impartirlo ante una audiencia muy diversa, multicultural y tremendamente participativa. Pudimos comprobar que a todos los padres, viniendo de países distintos y con formaciones diferentes, les asaltan las mismas dudas y se enfrentan a los mismos problemas. Surgieron un montón de lugares comunes, donde cada uno expuso su propia experiencia y su aproximación particular a los problemas.
Se da la circunstancia, además, de que este taller no se impartió ante el público
objetivo para el que, en principio, se concibió este libro. “Niños ágiles” se llama así porque surgió para aplicarse a los niños, a los más pequeños de la familia. Pero en este taller los asistentes tenían hijos preadolescentes o entrados ya de lleno en la adolescencia, lo cual supuso todo un reto para nosotros y una experiencia de lo más enriquecedora. Pudimos comprobar de primera mano que los principios por los que se rige el agilismo, de los que somos firmes defensores, pueden aplicarse a diferentes edades. Sólo es cuestión de adaptarlos, al igual que la forma de utilizar las herramientas.
Sin duda, una experiencia que esperamos repetir muchas veces más.



